Nadie quiso asumir el post operatorio de esta niña de 14 años, que necesitaba con urgencia un trasplante de corazón, ni siquiera los llamados provida católicos de la universidad que lleva el mismo nombre, cuando el Comité de Ética del Hospital Clínico de la casa de estudios, informó que su precariedad no le permitirían continuar adecuadamente un tratamiento.