Detrás de las vitrinas de La Liguria, en calle Vivar 779, hay toda una historia de vida de Ernesto Gandolfo Battistini, llegado a Chile a los 14 años, con una maleta cargada de ilusiones a una ciudad que prometía un futuro esplendor. Comenzó como junior en otra tienda señera: La Ideal, con un tío, y con otro tío -Juan-, del que es heredero, trabajó en la tienda El tropezón.

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